Revisas que tus pertenencias estén completas, que tus vestiduras estén intactas y que aún traigas las panties puestas; como toda una dama responsable.
Al día siguiente, unas preguntas me rondaban fuertemente en la cabeza: ¿Cuál es tu sueño? y ¿qué necesitas para realizarlo? (La pregunta real que escondían es: ¿Cuánto vale?).
No es ningún secreto, son las preguntas que en ese "bándala" (término con el cuál mi confidente las bautizó al momento de contarle mi experiencia religiosa) me formularon varias veces; tiempo después, reaccioné a que ése era el timbre hipnotizador que aplican sin darte cuenta, como en el programa MK Ultra.
Es efectivo el discurso de recibir "regalos" monetarios, en cifras altas, cada mes, con ayuda multitudinaria, con muchísima buena ondita; olvídense de las comunas hippies y las tandas culeritas de Doña Chole, ésto es lo de hoy.
Discurso que en bola, apoyo mil y todas sobre tí, es totalmente creíble, aceptado y motivador. Pero en el fondo, las cuentas no me salían, ni me salen y nada es tan bueno y bello como para durar para siempre.
Ni hablar del rollo espiritual que suplen con cánticos quién sabe en qué idioma y con meditaciones tan raras como las recetas que se surten en el tianguis para comprar valium; con explicaciones numerológicas copiadas de algún libro de cábala medio bien.
Con invitaciones motivadoras que llevan las frases:
"Celebra tu femeneidad" -cómo si cada mañana despertarás en tu modo andrógino o hermafrodita.
"Ven y conoce tu poder femenino" -por si necesitas clases para ser mujer.
"Alcanza tus sueños y empóderate mujer" -excelente slogan mercadológico, sin duda.
Enviadas de forma muy secreta y a miembros selectos... pero tienes que llevar a quién sea, tal cual: A QUIÉN SEA.
Me reservo el tema del poder femenino y sus múltiples sinónimos manejados dentro para un próximo post.
Todo eso mezclado en mi cabeza el día anterior, era realmente mucha información, aturdidora, cegadora y sobre todo: venenosa, como picadura de víbora coralillo; nunca pregunté si había antídoto, pero ése me llegó con el tiempo y de una forma muy dolorosa.
Sin embargo, mi cabeza estaba nublada con la pregunta matadora: ¿Cuál es mi sueño? y ¿Cuánto valía?
Ahí estaba yo, en la encrucijada de algún pueblo de quién sabe dónde a las 12 de la noche esperando que un auto negro llegará con un contrato eterno y sólo necesitara mi firma (con sangre) para hacerlo efectivo y ser feliz por siempre, sin preguntar por el costo; como toda buena persona responsable de hoy en día.
En mi mente aparecieron no uno ni dos, sino chingomil "sueños" que muero por cumplir, soñar no cuesta nada. Y crees que para cumplirlos, necesitas dinero, nomás eso. Lo que no pensé, en ese momento, fue en la segunda pregunta: ¿Cuánto valían?
Cuánto me valían y cuánto valía yo.

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