Es esa historia que todas tenemos; donde confías plenamente en alguien a quién le cuentas todo, te confesas con ella y conoce tus secretos...
Y por el supuesto cariño, accedes a hacer cosas no muy convencida; tampoco es que tenga el 100% de la culpa (aclaro).
Pasó lo que tenía qué pasar, harta de una vorágine de presiones sinsentido, un día quise renunciar porque ya no podía, me sentía contaminada y quería salir huyendo.
Sentía mi cuerpo, mi mente y mi espíritu manipulados, enfermos y contra mí.
Cuando decidí parar... Mi 'amiga' llega con todo el ejército bándala a intimidarme y ejercer presión al máximo.
Obviamente, corrí... lo más lejos que pude. Hasta ahora.
Después de tanto tiempo, la herida cerró aunque dejó cicatriz.
Ése, fue mi primer divorcio.
