jueves, 25 de agosto de 2016

Como si estuviera hablando con otras.

De eso cuando inicias algo y tienes que dar justificaciones del por qué haces esto o aquello, como que suena a que es algo premeditado, analizado, pulido y abrillantado; entonces ya no es tan atractivo ni motivacional.

Por ejemplo, eso de buscar un tema de tesis, que hoy en día, en mi caso suena ridículo, ¡pues lo es! Eso de tener ideas tan innovadoras y harto avanzadas para la mayoría, más que un aliciente, es una patada en el trasero.

Hasta que el tiempo me alcanzó y mi mirada futurista, rebelde y éterea, se empañó. 

Y podría entender a esas personas que llegan a la esquina de "Juventud" con "Se acabó" y ya no sabes si quedarte en esa acera o cruzarte, nomás para que no sientas que te estancas.

De una temporada a la fecha, me vengo escuchando en ciertos círculos eso del empoderamiento femenino y sus detractores masculinos que se sienten aludidos con términos "feminazis", de la batalla de géneros y que si tú y yo, que si andas de malas, que si me amo desde el yo, que si el reiki, que si eres mujer EMPODÉRATE... 

Al final discursos que, ¿no sé por qué pinches me espantan?

¿No les pasa, chicas?

Yo sólo andaba con la idea de pasar el rato y ya me andaban adoctrinando y empoderando, quién sabe con que poderosos mantras con voces agudas y étereas.

Al final, a mi entender, la única princesa de Disney que si estaba clara con eso del empoderamiento era Mérida, la Valiente.


No sé... según yo.

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